domingo, 3 de noviembre de 2013

Te invito un librito

Y fue ese día, nos miramos fijamente,
volteamos a ver fijamente a otros y como si nada,
sabíamos la oscuridad del momento,
pero la iluminación de la mirada.

Seguimos en lo nuestro, en ése camino tan estrecho,
sentados, mirándonos, sin nada.
Cometí el error que me vieras mientras te veía,
cometimos el mismo error al mismo tiempo.

Y yo jugaba a equivocarme, tú jugabas a que creyera
que no jugabas, el ego, la volatilidad que nos alumbra,
un ministerio juguetón del miedo que nos vacunaron,
ése absurdo pretexto para no volver a ver.

Soltamos un poco el deseo, el miedo. Duró. Soñé.
Soñamos a imaginar cada madrugada, pero sólo estábamos.
Estuvimos, la energía, el todo poderoso, y el hueso,
Anidamos, historias, empapamos la memoria.
Cantamos sin sonar, y es entonces donde ahora, con ése
ímpetu ganador y desolado, venciste monstruos, gigantes y atados.

Me dijiste: Te invito a tomar un libro, en aquél recinto,
que mientras el silencio obligue a todos a permanecer callados,
nuestras mentes dirán, nuestros labios juntos y sin voz, hablarán
,
nuestros sentidos platicarán, nuestro olfato cantará
y entonces haremos ruido, ése que no saben los demás que no han
parlado, que retumba y vuelve sordos a los enamorados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario